La Llanada Alavesa


La Llanada alavesa ha sido históricamente una tierra de paso, una encrucijada de caminos por donde distintas gentes cruzaban sus tierras de norte a sur y de este a oeste. El patrimonio cultural comienza desde los pastores neolíticos hasta la actualidad, con vestigios arqueológicos.

Desde la transición entre la antigüedad y la alta edad media quedan algunos vestigios arqueológicos, mientras que de otros periodos cuando se construían pequeñas villas al modo tardorromano, que se fueron convirtiendo en aldeas gobernadas por un señor, siendo núcleos urbanos constituidos por construcciones sencillas, construidas básicamente en madera, ubicadas cerca de una pequeña iglesia y que posteriormente fueron renovados y mejorados con piedra, si podemos encontrar conservándose portadas, ventanales o pilas bautismales románicas.

Los pequeños templos prerrománicos de San Julián y Santa Basilisa de Aistra son un ejemplo que aun se puede contemplar, al igual que los templos tardogoticos, con elementos renacentistas de Salvatierra. Algunas de estas iglesias como las de Gazeo, Alaitza y Añua, conservan las pinturas con las que fueron decorados sus paredes, como una costumbre arraigada en la Llanada.

En la arquitectura civil destacan las casas señoriales que van desde las más sencillas a palacios, algunos en ruinas como el de los Gebara y otros que aun siguen habitados como las casas Begoña y Azkarraga de Agurain, y su arquitectura militar como las murallas de Salvatierra y el castillo de Gebara.

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